29 ene 2026

La colmena. Camilo José Cela


También terminé hoy La colmena, de Camilo José Cela. Me ha dejado un sabor agrio en el coleto, como no puede ser de otro modo al ser una novela que transcurre en el Madrid de los primeros años de la posguerra y que está entreverada por los principios ineludibles de la supervivencia. 

En estas condiciones - y en todas -, la condición humana se adapta al entorno donde se reza la cartilla de racionamiento, se trabaja en lo que se puede y donde Eros se superpone a Tanatos de manera violencia y explícita. Vamos, el sexo se emplea para sobrevivir y no había cabida alguna para romanticismos ni misticismos de ningún tipo. Se acaba de salir de una guerra y la muerte campa por sus fueros en la ciudad. En la colmena las abejas se juntan para conjurarse contra el hambre y la muerte. Martín Marco, que escribe, que es poeta, pobre de solemnidad, si está algo enamorado de Purita. Parece ser el único que cree o barrunta en esas cosas burguesas. Incluso se inventa una oración cuando va a visitar la tumba de su madre, muerta en el 34. Ha empezado a folgar con sentimiento y fue a rendir homenaje, casi religioso, a sus muertos. Pero el alma negra de la colmena le tiene preparada una última baza...

Rosa, la regidora del Café, tiene pensamientos lujurisos con el camarero principal, al que trata a puntapiés. Éste, retoza con la madre de sus hijos, que está arrejuntada con otro con más parné. Todo es un abigarrado fresco de personajes que hacen lo que pueden para sobrevivir: extraperlo, vender virgos, remendar virgos, prostituirse, practicar el noble arte del sablazo. Todavía se está en guerra. Con la miseria y con la muerte. 

La obra tiene párrafos sublimes que reflejan la pobre condición de los mortales, amplificada en una situación como la de España de los años 40, después de una guerra civil. ¿Se dan ustedes cuenta?. 

 

El guardián entre el centeno


Me acabo de terminar El guardián entre el centro, de J.D. Salinger. Llevaba mucho tiempo con ganas de leerla, atraído por el aura que hay alrededor de esta novela y del autor y por haber aparecido en mesitas de noche de alguna películas de Hollywood y en informes policiales de asesinatos o intentos de (John Lennon, Ronald Reagan), cuestiones que le han atribuido características de portadora de genes de asesinos en serie y políticos advenedizos. 

Leo por ahí que "el personaje se encuentra en un estado profundo de alineación". Todo lo contrario. Para mi es una novela típica de rito de iniciación, de ritual de paso de la adolescencia a la adultez, donde Holden Caulfield se retuerce de dolor y vacío existencial en un colegio de niños bien - siendo el también un niño bien - y que no quiere ser otra cabeza de ganado estabulado en un entorno que percibe como profundamente falso e hipócrita. ¿Qué hay más adolescente que esto?. ¿Qué hay más real que esto antes de la bajada del Olimpo donde habitan las diosas y dioses de esa edad?.

Aqui no hay rito de caza del león ni semana a la intemperie en la montaña sino un vagabundeo sagrado de Holden por hoteles de mala muerte, prostíbulos, tugurios y calles de Nueva York con una mirada crítica y rebelde para ver la sociedad con ojos extraños y alucinados antes de sumergirse en ella. ¿Pero que gran parodia es ésta?. 

En la obra resuenan ecos de El lobo estepario e incluos de La conjura de los necios, pero tiene una pureza y una síntesis notable. En ese peregrinaje sin rumbo, en el que incluso considera irse al Oeste, a una cabaña lejos del mundo, descubre que con lo único que resuena es con un trozo de poema de  Roberts Burns: "Si dos personas se encuentran, a través del centeno". Fantasea con ser un guardián entre el centeno, donde se imagina que juega un grupo de niños. Este campo está al borde de un precipicio y él debe evitar que se caigan a él mientras juegan. 

Para mi ese precipicio es la cultura, la sociedad. Más exactamente entrar en ella sin haber jugado, vagabundeado lo suficiente como para verla con ojos críticos y alucinados y poder decir siempre, ¿pero qué parodia es ésta?. 

Holden se puede permitir ese vagabundeo al ser niño pijo. Si fuera presidente de este Régimen instauraría un Servicio de Vagabundeo Obligatorio para expulsar a los adolescentes de la cultura, proyectándoles a algún lugar. Ya volverán si tienen que volver.

Holden alcanza la iluminación al ver a su hermana Phoebe dar vueltas en el caballito del tiovivo del zoo de Nueva York y al percibir en ella, y en él, destellos de fuerza indómita y libertad.