Me acabo de terminar El guardián entre el centro, de J.D. Salinger. Llevaba mucho tiempo con ganas de leerla, atraído por el aura que hay alrededor de esta novela y del autor y por haber aparecido en mesitas de noche de alguna películas de Hollywood y en informes policiales de asesinatos o intentos de (John Lennon, Ronald Reagan), cuestiones que le han atribuido características de portadora de genes de asesinos en serie y políticos advenedizos.
Leo por ahí que "el personaje se encuentra en un estado profundo de alineación". Todo lo contrario. Para mi es una novela típica de rito de iniciación, de ritual de paso de la adolescencia a la adultez, donde Holden Caulfield se retuerce de dolor y vacío existencial en un colegio de niños bien - siendo el también un niño bien - y que no quiere ser otra cabeza de ganado estabulado en un entorno que percibe como profundamente falso e hipócrita. ¿Qué hay más adolescente que esto?. ¿Qué hay más real que esto antes de la bajada del Olimpo donde habitan las diosas y dioses de esa edad?.
Aqui no hay rito de caza del león ni semana a la intemperie en la montaña sino un vagabundeo sagrado de Holden por hoteles de mala muerte, prostíbulos, tugurios y calles de Nueva York con una mirada crítica y rebelde para ver la sociedad con ojos extraños y alucinados antes de sumergirse en ella. ¿Pero que gran parodia es ésta?.
En la obra resuenan ecos de El lobo estepario e incluos de La conjura de los necios, pero tiene una pureza y una síntesis notable. En ese peregrinaje sin rumbo, en el que incluso considera irse al Oeste, a una cabaña lejos del mundo, descubre que con lo único que resuena es con un trozo de poema de Roberts Burns: "Si dos personas se encuentran, a través del centeno". Fantasea con ser un guardián entre el centeno, donde se imagina que juega un grupo de niños. Este campo está al borde de un precipicio y él debe evitar que se caigan a él mientras juegan.
Para mi ese precipicio es la cultura, la sociedad. Más exactamente entrar en ella sin haber jugado, vagabundeado lo suficiente como para verla con ojos críticos y alucinados y poder decir siempre, ¿pero qué parodia es ésta?.
Holden se puede permitir ese vagabundeo al ser niño pijo. Si fuera presidente de este Régimen instauraría un Servicio de Vagabundeo Obligatorio para expulsar a los adolescentes de la cultura, proyectándoles a algún lugar. Ya volverán si tienen que volver.
Holden alcanza la iluminación al ver a su hermana Phoebe dar vueltas en el caballito del tiovivo del zoo de Nueva York y al percibir en ella, y en él, destellos de fuerza indómita y libertad.
