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2 dic 2008

El octavo hábito.


A pesar de todos los cambios que ha sufrido el mundo laboral (nuevas tecnologías, nuevas concepciones, nuevos métodos,etc.), aún seguimos pensando en buena medida desde el paradigma de la llamada Era Industrial, que considera a los trabajadores como una materia prima más.
Esta es una concepción en extremo inconveniente, pues no logra sacar lo mejor de cada una de las individualidades que componen a la organización: algo fundamental en la Era de las Comunicaciones y la Información. Es preciso, pues, hacer
que los trabajadores identifiquen sus potencialidades y aprendan a utilizarlas en beneficio propio y, en definitiva, de la organización.

El octavo hábito supone escuchar nuestra propia “voz interna” y enseñar a los demás a identificar la suya propia. Se trata de enseñarle a los demás el arte de sacarle provecho a lo que es propio de cada individuo; de modo que cada persona se
vuelva indispensable en la organización en virtud de sus capacidades irrepetibles.

El liderazgo es la habilidad de propiciar que los demás entiendan su propio valor y potencial, y que sean capaces de vivir en concordancia con ellos. La visión laboral de la Era Industrial fracasó porque no cultivó la confianza, puso al jefe en el centro de toda actividad, restó poder a toda la gente y desalineó los
intereses individuales y los de la organización. Una alternativa es poner en práctica el octavo hábito y los siete que lo preceden.
Comience por desarrollar sus cuatro inteligencias, identificar su propia voz y expresarse a través de ella.

Para ser un líder, pruébese a usted mismo que usted es confiable.
La mayoría de los líderes deben su fracaso a una pobre personalidad. Los líderes deben demostrarle a los demás su compromiso con ciertos valores: mantener las promesas, ser honesto, íntegro, etc.

17 nov 2008

La formación de hábitos.


Lo mencioné hace unas semanas en Twitter y algunos de vosotros me habéis preguntado por él. Aunque lo he visto recogido en varios sitios tradicionalmente se le atribuye al gran cómico y actor Jerry Seinfeld. Es tan sencillo que contarlo suena ridículo, pero es tan eficaz que contarlo es imprescindible.

Para mí el hábito es la clave total, absoluta e imprescindible de la Productividad y la Gestión Personal. El “hábito” es lo que hace que tú hagas una cosa espontáneamente y con naturalidad.

Los hábitos productivos son difíciles de reproducir porque generalmente van contra nuestra naturaleza, instinto o tendencia que suelen ser justo las contrarias. Al hábito se llega por la repetición de gestos y de rutinas y es ahí donde el método de Jerry Seinfeld entra en juego.

¿En qué consiste?
Imagina cualquiera de estos tres hábitos que te cuesta desarrollar pero que quieres desarrollar: te cuesta recordar que tienes que hacer la revisión diaria de tu GTD, te cuesta ponerte a hacer deporte al final de la jornada, te cuesta apagar el “messenger” y demás aplicaciones-distracción cuando te pones a trabajar. ¿Cómo formar ese hábito?

Imprime o consigue un calendario de proporciones generosas y ponlo en una pared que vayas a ver con mucha frecuencia. No se trata de esconderlo sino de verlo “sí o sí”. Lo recalco: tienes que ponerlo en un sitio que inevitablemente vayas a ver.

El primer día en el que logres hacer lo que te proponías marca con un rotulador bien grueso y de color vivo (rojo por ejemplo) ese día en el calendario. Pon una gran equis. Y haz lo mismo con los siguientes en que logres reproducirlo. Cada nuevo día conseguido, una gran equis.

La visión de ese calendario te “obligará” a repetir cada día ese gesto o esa rutina. Poco a poco irás ganando en naturalidad y al cabo del tiempo no tendrás que mirar al calendario para reproducirlo. “Te saldrá de dentro”. No obstante, sigue marcando con una equis cada nuevo día. Aunque creas que “ya lo tienes”, sigue marcando el calendario cada día.

El método es tan sencillo que contarlo suena ridículo, pero es tan eficaz que contarlo es imprescindible.

Si un día te saltas tu rutina en lugar de una equis colorea por completo la casilla de ese día. El objeto es que destaque bien sobre el resto de días y te convenzas de que tienes que volver a tu rutina y seguir trabajando ese hábito. Y es que después de saltarte un día es mucho más fácil hacerlo también al siguiente.

No te recomiendo hacerlo en un “calendario digital” por una sencilla razón: tienes que acordarte de revisarlo. Es decir, tienes que formar el hábito de revisar tu calendario digital para revisar tu otro hábito… cosa que terminarás por no hacer. La clave de este sistema es tener un calendario bien visible que terminarás por ver tanto si quieres como si no.

Una vez que hayan pasado los días, las semanas o los meses podrás prescindir del calendario. Ese gesto que al principio casi iba contra tus instintos… ahora te saldrá solo con total espontaneidad.

Claves para formar el hábito
Ya las he mencionado en alguna otra ocasión pero esto es algo tan importante que repetiré hasta que se me caigan las falanges de los dedos de tanto escribirlo. La clave del éxito para inducir cualquier hábito es el modo en que lo hagamos.

Recuerda, cualquier persona puede cambiar pero NO todo el mundo cambia…

Practica un solo cambio a la vez.
Propón cambios muy pequeños, casi microcambios.
Propón cambios muy concretos y palpables. Algo que te permita decir: “he conseguido ESTO”.
No propongas un nuevo cambio hasta que el anterior se haya asentado. Tranquilo, no tengas prisa por cambiar. Hay muchos días.
Propón cambios que te apetezca hacer. Aquello que te motiva es más fácil de reproducir.
Practica diariamente y sigue el método de Jerry Seinfeld. Porque lo que no se ejercita se pierde.
Mide y evalúa los cambios: los avances y los retrocesos.
Practica sin reproches, con paciencia y determinación.