4 mar 2007

DELPHIN DEL MUNDO


El hombre es la medida de todas las cosas

Protágoras

http://www.iac.es/cosmoeduca/gravedad/complementos/vitruvian.jpg

http://www.youtube.com/watch?v=TKd6pJCQpCM&mode=related&search

Si el anuncio de cierre de Delphi se llega a producir antes de la opereta del referéndum, quizás la participación en la Bahía de Cádiz no habría llegado ni al 10%. Uno se pregunta si no habrá existido reunión cafetil previa en las proximidades del Palacio de San Telmo para tratar esta coordinación temporal. Uno se pregunta que pasaría si en este país hubiese un periodismo de investigación fuerte que pudiese destapar algunos de estos presuntos hechos, un periodismo que nos llevase en volandas hacia la profundización de la democracia. Desde luego, no es culpa de los periodistas, que en su mayoría hacen lo que pueden. Los periodistas andaluces con medios trabajan para CanalSur y no creo que vayan a destapar un “Telmogate”, dedicados como están a invertir público dinero y tiempo en la investigación de cómo destapar ollas en Andalucía Directo.

Lo de Delphi es una barbaridad que golpea de nuevo a la doliente Cádiz, una provincia que corre el riesgo de vaciarse de gaditanos y ser tomada por asalto, definitivamente, por los inversionistas inmobiliarios, que sin gaditanos, esquilmaran en menos que canta una chirigota, toda la costa y la dejarán como una raspa de sardina. Después la enterrarán, eructarán, venderán y se irán. Pero lo que ocurre con Delphi no se puede entender si no nos fijamos en lo que ocurre a gran escala.

Según las fundaciones americanas que fundan la opinión pública, el libre mercado es el summum de las bondades porque el libre intercambio entre todas las personas llevará la prosperidad a todas partes. Que el libre mercado es el que gobierna el mundo es indiscutible, y posiblemente siempre será así, junto con otros factores. Pero lo que es completamente falso es que ese libre mercado se dé entre todas las personas. Eso es una patraña de mundial calibre, porque ese mercado sólo se da entre unos cuantos millones de personas en todo el mundo que tienen el capital y los medios para comprar esa libertad. Este mundo está gobernado por la libertad económica de unos pocos ricos, que por supuesto subyugan a la política, porque entre otras cosas en ninguna parte del mundo hay auténtica democracia.

Las consecuencias de todo esto son inmediatas. Para los que no podemos pagar para entrar en el libre comercio, sólo nos queda el comercio esclavo, o sea, convertirnos nosotros en mercancías. Eso es lo que somos, mercancías cuyo valor viene fijado por nuestra capacidad de consumir lo que los seres humanos superiores, los del club del libre comercio, producen. Si usted, viandante medio, perteneciente al proletario club de la mercancía humana, al comercio esclavo, ni siquiera tiene capacidad para consumir, usted, siento decirlo, no existe.

Pero no existe no porque lo diga yo. Lo peor es que lo dice usted mismo. Usted se cree que no existe porque no puede comprar ciertos artículos o servicios que le dan el rango de existencia. Lo que está ocurriendo en el mundo es un inmenso síndrome de Estocolmo donde los millones de secuestrados han creado tal grado de dependencia con el secuestrador y sus medios (caja tonta, et caetera) que en cierta forma alaba sus formas y rinde culto a las caderas de la Coca-Cola.

El mercado nos acompañará siempre o al menos un largo trecho, pero el mercado debería tener el tamaño humano. El hombre como medida de todas la cosas. Ahora, los integrantes del libre comercio, y gracias a las extensiones de sus miembros (piernas, brazos, ojos, pene, clítoris) que le ofrecen las nuevas tecnologías juegan al mercadillo con los demás hombres libres en el escenario del mundo, siendo nosotros la mercancía.

Lo de Delphi se veía venir y lo peor es que se ven venir otras empresas. Delphi está en España porque la mano de obra le sale más barata; si encuentra otro sitio donde encontrar mano de obra cualificada y más barata, huiría apelando a la libertad de mercado, sorprendiéndose incluso al oir que la mercancía humana proteste. España, donde las hipotecas siguen subiendo, por lo que los salarios deberían subir para no quedarse demasiado atrás, es un campo abonado para la huida masiva del hombre libre.

No sé que pasará, si la solución pasa por un plan de prejubilaciones, las mercancías a stock, si, ojalá, siguen las cosas como antes de esta crisis, o si, quién sabe, los americanos dejan la empresa en manos de los trabajadores. Quizás esta crisis sirva para crecer, como todas las crisis. Las que no sirven para eso, no son crisis, son simplemente los espasmos de la muerte. Pero esta Cádiz reaccionará, aunque haya que hacer tirabuzones durante algún tiempo con los cascotes militares de Rota.

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