19 jul 2008

El cántaro.



Ladrillos rotos al lado de construcciones abandonadas dan fe de la crisis económica. España naufraga por un sistema político-económico corrupto y rígido, que se quiebra como la arcilla seca al sol. Hace dos siglos, de arcilla era también el cántaro roto con que dio agua María Bellido –personaje simbólico de toda la población de Bailén - a soldados y artillería hispanas en la primera derrota de los ejércitos napoleónicos.

El pueblo español, que no ha conocido nunca la libertad política, magnánimo en la victoria hasta el punto de pedir caenas y olvidar a sus héroes – el general Torrijos está enterrado en la malagueña Plaza de la Merced en territorio francés – tiene miedo a la libertad. Pero es el miedo de la primera vez, el miedo a lo desconocido. Es el miedo del adolescente frente al lance amoroso, es el temor a la propia vida y a la creación. España es un país adolescente, una pandilla juvenil con facciones autonómicas. En estos días se ha vuelto a romper el cántaro dentro del fragor de una guerra, una crisis económica galopante. Pero esta vez este hecho debe marcar la hora del rito iniciático que lleve a España a la edad adulta.

España saldrá adelante y renacerá como el ave fénix, abrumada por el sudor del propio esfuerzo y con la clara conciencia de que nadie regala nunca nada. En la hora de la victoria, en la hora de la creación, sobrarán caenas y eones de corrupción. En el día de hoy, los reyes se dirigen a Palma de Mallorca para empezar sus vacaciones, renunciando a asistir a la conmemoración de la Batalla de Bailén, donde el pueblo llano les puso la dinastía en bandeja. Bailén. Allí habitan el pozo, el cántaro y el espíritu de María. Allí habita la patria, bebe el pueblo, hoy, tímido y apesadumbrado porque no hay reyes, del fruto de sus esfuerzos. La victoria es vuestra y no de rey alguno. Saboread la victoria de vuestros antepasados y dislumbrad la libertad. Los espectros militares, que juegan entre los olivos, bailan por Bailén sin reyes.

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