Leo La insoportable levedad del ser y salgo fortalecido por la resistencia de la condición humana, por la certidumbre de que algunos hombres (y mujeres) serán heróicos en momentos de incertidumbre, como lo fue Milan Kundera. El heroismo de ser uno mismo, de buscar el espacio vital en eso que llaman cultura y que las ideologías buscan arrasar para hacer esclavos a los hombres (y mujeres). Milan despliega en la novela (va a ver que leer sin remedio y con fruición su Teoría de la Novela) las artes que permiten al hombre (y la mujer) encontrar su centro y sentido: el sexo, la vocación, el sexo, el arte y el sexo.
Es una novela total que lo toca todo, desde el arte como herramienta punzante para romper el velo con lo que la cultura imperante quiero ocultar el lado "feo" de la vida (la mierda), el sexo épico para encontrar en una miriada de mujeres un collague que consiga representar lo original del ser humano, y no simples copias vomitadas de los sistemas educativos, la política, como una gran engañifa al servicio del totalitarismo, sea la política la que sea y la religión como una vía para llegar a lo primordial de la condición humana, esto es al Génesis, donde el hombre (y la mujer) no se avergonzaban de la mierda y ni del sexo.
Milan usa toda una galería de personajes (Tomás, Sabina, Teresa, Franz y el hijo Simón), aparte de un ejército de personajes secundarios para explorar los límites de la humnanidad, como quién envía unas sondas a los confines del Universo con la intención de recibir información valiosísima de lo ahí más allá. Es el poder de la novela: poder experimentar muchas vidas, las vidas no substanciadas en la vida de cada hombre (y mujer), ya que sólo se puede vivir una vez y uno no puede saber si hubiera pasado si. Estos personajes son como los experimentos mentales de la Física de Einstein: Kundera los sube en trenes y ascensores, en traiciones y sexo desaforado para ver los resultados, para ver si el alma emerge a través del cuerpo o bien el alma se detrae dentro de la carnalidad.
Es una novela fascinante desde muchos puntos de vida: exégesis religiosa, innovación literaria (el autor es también protagonista en la propia novela e interpreta al lector, haciendo a veces de mediador explícitamente). No se habla apenas de política y apenas de religión y apenas se habla de cutltura,, pero si mucho del hombre (y la mujer). Pero si mucho de su cuerpo, su sexualidad y por tanto de su alma. Es como si la política y todo lo político aplastara al alma o bien la cultura y la religión la liberase completamente del cuerpo. Pareciera si Milan fuese un trasgo dionísico que presente fundir el alma y el cuerpo y abrir un espacio de libertad para el hombre (y la mujer). Inaúdito.
En la entrevista con Soler Serrano, Kundera intenta zafarse continuamente de las preguntas excesivamente "políticas" que le arroja el entrevistador, impresionado por la contundencia de la Primavera de Praga, o mejor dicho, de la aparición de los tanques rusos. Pero Kundera quiere hablar del hombre (y la mujer), y de la Literatura y no de Literatura comprometida. Y no quiere hablar de poesía, ya que en ella habitan dice "el cielo y el infierno" y apostilla que en el totalitarismo comunista era muy poético y las gentes estaban imbuidas de un gran entusiasmo, como ocurrió en la Alemania nazi.
Leer a Montalbán y ver sobre todo sus entrevistas me ha hecho reconciliarme, al menos en algún grado, con la Transición y con los movimientos de resistencia al franquismo y rebajar el idealismo que supone pensar que era posible una ruptura completa con el anterior Régimen. La obra de Montalbán es un acto de resistencia y en cierta medida de victoria en condiciones completamente adversas. El final de Los mares del sur es una buena de ello. En mitad de la derrota y del fatalismo consigue salvar al culpable aprovechando la hipocresía de los inocentes.
Pues después de leer Los mares del Sur de Vázquez Montalbán, tengo que recoger carrete, meterme la lengua en el culo. Si, merecía ampliamente ganar el Premio Planeta del 79 y mis prejuicios sobre el autor, del que escasamente había leído algo, han quedado pulverizados. Soy montalbanista. Otro -ista a añadir a la lista. Como también me gusta la serie del Comisario Montalbano, cuyo nombre es un homenaje a Montalbán del italiano Camilleri.
Quizás había dejado de lado a Montalbán hasta ahora por algunas portadas y títulos que me echaban para atrás, como el Y Dios entró en La Habana, que habita por la casa materna y que es un nido de rojos. En su momento me pareció un libro plúmbeo y demasiado apologético, pero volveré a aproximarme al mamotreto comunista aunque esté en las antípodas de esta ideología. Pero lo releeré.
Los Mares del Sur me parece una novela deslumbrante, con un ritmo trepidante y con un personaje, Pepe Carvalho que por su condición de detective logra descender desde la más alta burguesía barcelonesa, rica en su mayoría sin grandes esfuerzos, hasta el lumpen de las ciudades satélite del extrarradio, poblada de murcianos, andaluces, extremeños, dibujando, como en el caso de Las mil noches de Hortensia Romero, todo un retablo de la sociedad, sus miserias y villanías. Este descenso lo hace con el salvoconducto de un muerto, del que investiga su asesinato tras desaparecer un año en los mares del Sur. Y si Hortensia Romero, La Legionaria, lograba a través de sus artes amatorias hacer un daguerrotipo del Cadi de la posguerra y hasta nuestros días, el cádaver de Stuart Pedrell logra revelar una realidad sórdida, cruda.
La novela tiene unos pasajes absolutamente geniales, muchas veces inscrutadas en diálogos con personajes secundarios o encardinadas en los pensamientos del propio Carvalho todo adobado con un erotismo que es casi fornicación continua y un gusto por la gastronomía que es casi gula continua, lo que parecen ser los únicos pecados capitales del detective lo que es una gran virtud de moderación y foco.
Me acabo de leer Las mil noches de Hortensia Romero de Fernando Quiñones, insertada dentro de un volumen donde figuran el finalista y semifinalista del Premio Planeta del año 1979. Fernando fue semifinalista, Manuel Vázquez Montalbán finalista con Los mares del sur. Me fui directamente a la segunda mitad del tomo y aún tengo dudas de si voy a tener los arrestos de meterle el diente a la primera porque tengo ya el prejuicio de que quién debió ganar el Planeta ese año fue Fernando y no Manué, con el antecedente contemporáneo del premio concedido al levantisco Juan del Val por su relación CO& y tal con Nuria, Nuria.... La del waku waku. Roca. La Roca. Y el agua. Y el aguador de la foto que no es como el aguador de Sevilla sino que parece un remedo lejano de los anuncios de los repartidores de CocaCola de los años noventa. El eterno retorno para marear más la perdiz para tenerla más a tiro y que compre o algo.
En la novela se narran las aventuras sexuales y vitales, de Hortensia, La Legionaria, que ejerce el oficio más antiguo del mundo, o sea, el de sacerdotisa o vestal, y desde esa posición privilegiada por la que que pasan todas las clases sociales, logra sacar un retrato auténtico de la sociedad de su tiempo, entre polvo y polvo, como si de nitrato de plata se tratase, y consigue acercarse a algo muy parecido a la felicidad al tener la conciencia límpia de no haber hecho nunca daño a nadie y que de sus trabajos de pilingui, de vedete y de manaché de un bar, el primero es el más honesto de todos.
A causa del fornicio y del disfrute adquiere un conocimiento vital y práctico del que carece la mayoría de los que por allí culebrean, salvo algún sabio prudente y algunos imberbes con suerte. Y como las vestales de las religiones griegas, da consejos que atinan el futuro porque su coño y mameyas tienen una extensa base de datos, secretos e hipocresÍAs que superan a cualquier IA.
El otro día brujuleando por Cadi-Cadi llegué, de chiripa, a la estatua de Quiñones en La Caleta, que ignoraba. Al siguiente día, peregrinando por Chiclana me topé en un baratillo con el tomo dual de Montalbán y Fernando. Qué peresa, que peresa infinita enfrentarme a Los Mares del Sur. A lo mejor me equivoco pero el tal Comisario Carvalho me va a parecer un petardo, aunque también se sofríe la cosa con mucho folleteo, cosa que siempre se agradece, pero a ver quién supera a una diosa del Sur.