26 dic 2025

Fernando Quiñones. Las mil noches de Hortensia Romero



Me acabo de leer Las mil noches de Hortensia Romero de Fernando Quiñones, insertada dentro de un volumen donde figuran el finalista y semifinalista del Premio Planeta del año 1979. Fernando fue semifinalista, Manuel Vázquez Montalbán finalista con Los mares del sur. Me fui directamente a la segunda mitad del tomo y aún tengo dudas de si voy a tener los arrestos de meterle el diente a la primera porque tengo ya el prejuicio de que quién debió ganar el Planeta ese año fue Fernando y no Manué, con el antecedente contemporáneo del premio concedido al levantisco Juan del Val por su relación CO& y tal con Nuria, Nuria.... La del waku waku. Roca. La Roca. Y el agua. Y el aguador de la foto que no es como el aguador de Sevilla sino que parece un remedo lejano de los anuncios de los repartidores de CocaCola de los años noventa. El eterno retorno para marear más la perdiz para tenerla más a tiro y que compre o algo.
En la novela se narran las aventuras sexuales y vitales, de Hortensia, La Legionaria, que ejerce el oficio más antiguo del mundo, o sea, el de sacerdotisa o vestal, y desde esa posición privilegiada por la que que pasan todas las clases sociales, logra sacar un retrato auténtico de la sociedad de su tiempo, entre polvo y polvo, como si de nitrato de plata se tratase, y consigue acercarse a algo muy parecido a la felicidad al tener la conciencia límpia de no haber hecho nunca daño a nadie y que de sus trabajos de pilingui, de vedete y de manaché de un bar, el primero es el más honesto de todos.
A causa del fornicio y del disfrute adquiere un conocimiento vital y práctico del que carece la mayoría de los que por allí culebrean, salvo algún sabio prudente y algunos imberbes con suerte. Y como las vestales de las religiones griegas, da consejos que atinan el futuro porque su coño y mameyas tienen una extensa base de datos, secretos e hipocresÍAs que superan a cualquier IA.
El otro día brujuleando por Cadi-Cadi llegué, de chiripa, a la estatua de Quiñones en La Caleta, que ignoraba. Al siguiente día, peregrinando por Chiclana me topé en un baratillo con el tomo dual de Montalbán y Fernando. Qué peresa, que peresa infinita enfrentarme a Los Mares del Sur. A lo mejor me equivoco pero el tal Comisario Carvalho me va a parecer un petardo, aunque también se sofríe la cosa con mucho folleteo, cosa que siempre se agradece, pero a ver quién supera a una diosa del Sur.

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