15 jul 2009

Algarve.


Por la Via Infante de Sagres, uno de los cyborgs (biologías del ancien regimen sostenidas y movilizadas por galo motor) que más corrían era yo.

En bonito hotel, los lucerifenos más vociferantes no eran súbditos de la pérdida Albión, sumergidos en alcohol, sino onubenses de los más bellacos..
En fin, pateando prejuicios.

El pescado cojonudo, servido por docenas y acompañado de vino en cantidades pinzoniles, como para importarte un carajo los vaivenes en Cabo de Buena Esperanza, al ser contrarrestados por las cambayás retroalimentadas que mantienen a la mente en perfecto equilibrio.

Al té lo llaman chá y las vírgenes son algo más obesas y como más dramáticas.

Todo el Algarve vive enfocado hacia el mar, como si toda la región fuera en sí misma una carabela, como si sus acantilados no fueran otra cosa que la proa de un barco, ensoñación ya imaginada por Sara Mago.

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