1 ago. 2010

Viva Cuba Libre!. Parusia en USA.


Recibimiento a Ariel Sigler en Miami
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La actitud de España con respecto a la cuestión cubana es vergonzosa y pasará factura algún día. Seguro que los cubanos no van a olvidar que la "democracia avanzada española", repleta de paniaguados chapoteando en un régimen absolutamente corrupto, no ejerció la presión sobre la dictadura cubana cuando era necesario.

Se acerca el fin del castrismo, acelerado por la crisis económica que afecta a los ingresos por turismo y azúcar de la isla. Los precios de los servicios turísticos están bajando intentando mantener estos inputs absolutamente necesarios para el gobierno colectivista cubano. Ahora es el momento de ejercer más presión sobre un régimen debilitado, basado en la coerción masiva y alzado sobre una economía de prostíbulo azucarado. Sin embargo, el régimen zapaterino, con Moratinos al frente de los asuntos internacionales, sigue prestando implícito apoyo moral a un régimen funesto, manteniéndolo, en la distancia, como su particular reserva espiritual e ideológica.

La cuestión cubana es un aspecto esencial en la propia política española del siglo XX y XXI. Todavía colea en nuestras entrañas el desastre del 98, el reflejo pálido de una España que pudo ser, el fantasma y fantasia de una España eficiente.

Siempre equivocamos nuestros enemigos: el protestantismo, la ilustración francesa, los pilares fundamental de la revolución norteamericana, al aglutinarse estos con el rechazo visceral al imperalismo yanqui que nos cercenó un imperio agonizante. Sin embargo, !qué España diferente hubiera sido si Lutero hubiera clavado sus reclamaciones en la catedral de Burgos, si nuestro rey hubiera sido José I, si no hubiésemos padecido durante más de un siglo el sentimiento generalizado del antiamericanismo!.

Pero cada nación tiene lo que se merece, lo que su estructura política y económica ofrece al mundo y al mercado de los valores universales. La España católica, encerrada en sí misma, defensora de unos valores absolutamente despreciables, roneadora de la muerte, aliada de regímenes políticos que niegan cualquier libertad política a sus ciudadanos, que no recompensa el esfuerzo, que no reconoce la excelencia, que premia a pícaros, borbones y villanos, que, tras el abandono masivo del credo religioso sustituye éste por la querencia generalizada a un estado eminentemente socialista, quiste y cáncer de los íbericos páramos, pestilencia a carroña en los apriscos.

La inexistente sociedad civil española, el rara avis del free spanish man, se ve impotente ante un panorama a-político copado por unos partidos a-políticos que succionan derechos y libertades del INDIVIDUO, para formar la visión aberrante, dantesca, de unos auténticos caballos de troya - preñados de incompetentes - que se empotran en el estado borbónico-socialista, abyecto heredero de las estructuras místicos-ciliciacas de antaño. Ungidos por los restos religiosos que se encuentran en palacio - cualquier cosa: alguna polución nocturna de la testa coronada, alguna vieja capa púrpura - aparecen en la misa diaria, telediaria, como sacerdotes o profetas de la nueva religión. Todos, la izquierda, la derecha, los pistoleros.

Asi pues, la resultante de los valores de este país, si es que esa quimera es racionalmente admisible - que no -, es un cuadro formado por los colores de la debilidad, la cobardia y el abandono de cualquier responsabilidad personal, de cualquier libertad, de cualquier razón, entregado todo ello en forma de falsa democracia, de falsa representatividad, de razón de Estado.

Se ha soñado con la formación, a costa de la renuncia de todos los atributos éticos, intelectuales y políticos de los INDIVIDUOS, de un frankestein estatal que amplificando estos valores, tras ser procesados por una maquinaria central absolutamente alejada de la realidad, la devuelva a los ciudadanos en forma de maná o de ostia consagrada. Pero lo que devuelve el estado no es humano, no es de este mundo. Expele un acre holor a podredumbre que transforma al comulgante en un mendigo irracional al que se le pega al paladar una cosa absolutamente mediocre.

En el mercado global de la ética, infiltrado de recetas colectivistas y copado casi en exclusiva por los nuevos sacerdotes, los predominantes en España, y en buena parte de Europa y de Latinoamericana, cotizan a la baja. Una vez más, Estados Unidos está a la vanguardia, y se huele, se intuye el olor a vida, a parturienta, que en ausencia de otra posibilidad en el orbe, se espera, esperamos que se concrete con el nacimiento de los líderes adecuados, simples encarnaciones del espíritu santo humano, orbitando las demas naciones alrededor de esta verdad.

Obama es sólo el preludio, funesto, de la nueva realidad que ha de llegar, y entonces, la situación cubana, adorada de pequeños mitos platónicos, será absolutamente insostenible.

Esta crisis económica, realmente crisis de valores del individuo, secuestrados aquellos por los estados e hipotecados en los bancos, va a poner en la palestra la incompetencia estructural de CUALQUIER ESTADO para regir una economía globalizada, estados que se han estado financiando con una BANCA BASADA EN EL DEPÓSITO FRACCIONADO, y que debe poner a los estados y a la banca, este tándem de nuestro tiempo, en el lugar adecuado, alzándose la economía REAL, asociada a la función empresarial de los personas, por encima de ambos.

Aquí en España, cuando la estrella del oeste anuncie la buena nueva americana, saldremos unos cuantos a lomos de un camellito canario para ungir al nuevo dios, representación de todos nosotros.

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