17 oct. 2011

Verdad y mentira.

La primera fuerza que dirige el mundo es la mentira. Así comienza El conocimiento inútil de JF Revel, libro que junto con La obsesión antiamericana debería ser transmutado en azucarada horchata y ofrecido en sorbete a infantes y viejos. Yo lo bebí en una verbena popular allá donde canta el cuco. Porque la verdad es algo muy raro, muy difísil (del español difícil,sífilis y facsimil), muy caro y muy peligroso. Allí donde convergen la verdad y la libertad se encuentra uno con un paraje inhóspito, solitario, lleno de escombros y zarzas. El cuerpo de ingenieros de todos los regímenes políticos se ha molestado en horadarlo levemente, cual jabalí tras trufa, cual perro en celo tras cuarto trasero, cual político tras prebenda o gasolinera, para que naide (del español nadie y del francés naïf) puede reconocerlo. Tiene rasón (del español razón y del inglés reason) Edgar Morin cuando dice que estamos en la Sociedad de la Comunicación pero no en la cacareada Sociedad de la Información o del Conocimiento, porque lo que se comunica por las trepidantes y flamantes autopistas de la informasión (del español información privilegiada y mansión) es mayoritariamente mentira. Así pues estamos en una fase de la globalización en lo que se transmite son las mentiras locales elevadas a los altares por la cacicada local o nacional. Uno pasa por todo el espectro de las sensaciones (sensations) humanas al visionar el evolucionar de un bípedo implume como el señor Papandreou o el señor Blanco. Los Papandreou, que junto con los Karamanlis han pastoreado Grecia durante los últimos decenios han tomado el pelo a Europa y al Mundo con una morterada de mentiras contables que harían palidecer a Pitágoras. Mafias que se tornan Estado y que usan la mentira, hacia dentro de sus países y hacia fuera, para mantenerse en el machito. A ambos lados de esta topología geométrica la única verdad, que, totalmente aislada, es pura mentira: sólo les interesa mantenerse en el poder. Ver a Blanco, dimisionario de primero de Derecho, Ministro de Fomento, expeler argumentos por su cara de hormigón armado provoca la vislumbración inmediata de todo los significados y acepciones de cinismo. Provoca espanto/ira/risa/llanto/baileDeSanVito verle apelar a la honorabilidad del Gobierno de España, al igual que al implantado capilar Bono, que llama calvo (ya se sabe, los renegados de algo son los más fanáticos de su nueva ubicación: el reniega de la alopecia y abraza la religión de la melena cual Dennis Hopper albaceteño) a Carlos Dávila, el director de La Gaceta, por investigar su patrimonio espectacular, lleno de cuadras, grupa y groupies. Este circo hispano, este espectáculo bombero-torero, esta gran parodia nacional, es como un gran acertijo zen. Si bien es verdad que en todos laos (del español lado y del thai tao) cuecen habas, aquí morterada. ¿Cúal es la mentira/mentiras sobre el régimen juancarlero se ha erigido y presentado al mundo durante los últimos treinta años?. Pues que esto es una moderrrrrna y avanzada democracia, llena de paz, armonía y felicidad extrema, , un sitio donde uno se puede enriquecer fácilmente (Solchaga dixit) - bajo la mamandurría estatal y el protocolo de comunicaciones DLEM (Decreto Llave En Mano), claro -, un lugar, en fin, donde en los últimos 15 años se ubicada ElDorado a nivel mundial, la Fuente de la Eterna Juventud (pobrecito Cabeza de Vaca), esto es, la inversión más rentable de todo el orbe, el pisito español. El piso nunca baja, rezaba un conocido mantra ibérico. Pues bien, fondos de inversión de todo el mundo acudieron en masa a poner el dinero en este nuevo milagro español, en este maná beatífico y salvador, que mantenía y henchía hasta límites mastodónticos las redes clientelares del Estado, quiero decir, de los partidos políticos. Sabían que la burbuja estaba ya formada y no hicieron absolutamente nada. Reventaría España llevándose millones de puestos de trabajos y empresas, pero daba igual. Ellos no caerían. Son como el payaso Pennywise de It. Era su verdad aislada, la flor en el culo en que se presentaban al mundo de la globalización, compitiendo con otras grandes mentiras pero, coño, no tan rentables. En el mercado de la mentira, ganó el régimen español. Las burbujas económicas y políticas son aglomeraciones de mentiras. Es una saturación de mentira que sólo se puede mantener con un sistema informativo absolutamente postrado al Moloch del embuste, el príncipe del mal, al demonio, a Belcebú, a Satanás, a Lucifer. A la mentira y al mal. Pues eso es el mal: la mentira. Pues aquello es el bien: la verdad. La verdad os hará libres, dijo Juan. La verdad = Libertad, dijo Trevijano. Una democracia sólo se puede mantener si se asienta sobre una porción considerable de verdad, estando además bajo permanente vigilancia de una sociedad civil libre, verdadera y crítica con el poder, uno de cuyos poderes es el PODER DE TRANSMUTAR LA MENTIRA EN VERDAD, mucho más poderosa y valiosa que la transfomación del plomo en oro. Pero sobre el régimen político español no se tiene control alguno, porque la sociedad civil ha estado. históricamente, deambulando por los caminos polvorientos de las churras y merinas. Vívimos tiempos apocalípticos, con una crisis económica mundial que no es más que el síntoma de la lucha de los dos poderes que llevan compitiendo desde que el homo sapiens , esa rara avis, dejó sitio al homo logado , adscrito a una ideología y sin pensamiento autónomo alguno: la Verdad y la Mentira. Normalmente la Mentira gana, se sale con la suya, pero esta vez estamos asistiendo a un espectáculo dantesco y muy revelador: el enfrentamiento entre sí de muchas mentiras, algunas totalmente mentira, descaradas mentiras, cuarto y mitad de mentira, medias mentiras, medias verdades, en el escenario nuevo de la Sociedad de la Comunicación, que no de la Información. Y la Verdad?. La verdad es algo muy raro cuando arrecia el imperium de la mentira. Nace del hombre hacia la sociedad. Primero el hombre libre y verdadero, después la sociedad libre, verdadera y democrática. Confía en la inteligencia del hombre, no en su imbecilidad, confía en su fortaleza, presente o futura, no en su debilidad, presente y futura, le procura al hombre los medios para su realización, no para su perdición. No hay más pecado que la mentira y la ignorancia. ¿Cuántos hombres se tendrían que inmolar contra ella para que se viera, por unos instantes, algunos destellos de verdad?. Imaginense un cuento, un relato inverosimil en el que un sólo hombre pudiera acumular en él, absorbiéndola, toda la mentira del mundo, yendo a la muerte después con esa pesada carga para librarnos de ella. De la mentira. Que imaginación alejandrina tengo. Yo soy el camino, la verdad y la vida, dijo un poeta en un café egipcio.

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