28 sept. 2011

Pedro Abad, de HTC.

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(Expansión, 28/09/11) Hay una palabra que Pedro Abad, director general de HTC Iberia, repite de manera constante durante la entrevista: usuarios. Será porque como asegura, son la prioridad de la marca taiwanesa, uno de los cinco mayores fabricantes de smartphones a nivel mundial y que vendió 25 millones de teléfonos el año pasado. "El que importa es el cliente, nosotros no tenemos afán de protagonismo". Pero en su sector, tienen que compartir ese protagonismo con unos duros competidores: "Nuestro punto fuerte es la innovación y la usabilidad. La mayoría La compañía aterrizó en España en 2006. Ahora son 18 personas capitaneadas por un director general con ínfulas de subordinado: "No quiero ser considerado un jefe, sino un compañero más. No hay ni jefes ni empleados, sólo tenemos diferentes funciones, a pesar de lo que diga tu tarjeta de visita. Todos somos embajadores de la marca en España". Y en la mesa de ping-pong que tienen en la terraza de la oficina, no hay jerarquía que valga. "Se pueden tomar decisiones mientras juegas. A los taiwaneses, cuando vienen, les encanta". Abad asegura que no le importa ver a sus "compañeros" jugando en cualquier momento, igual que no le molesta cuando le escriben un correo de trabajo a las 12 de la noche. El directivo se define como un ser afortunado por pertenecer a "un equipo tan involucrado" y asegura creer firmemente en el proyecto. "En un equipo, apuesto por el sentimiento de pertenencia, pero también por la autonomía de cada uno". Por eso, la selección del personal en la compañía se basa en el feedback. "Nos tiene que convencer el candidato, pero él se tiene que sentir enamorado del proyecto". ¿Alguien osa a presentarse en la oficina con un móvil que no sea HTC? "Sin duda perderá muchos puntos", contesta con ironía. "La diversidad enriquece y tenemos que conocer lo que está en el mercado y entender cómo toma la decisión el consumidor". La fortuna también ha hecho diana en su vida personal. Tengo suerte, porque mi mujer Marga entiende mi trabajo y lo importante que es para mí. Tanto le comprende, que hasta cambió de móvil. Se convenció hace tres años utilizando mi teléfono y desde entonces es fiel a esta marca. Preguntarle a Abad si puede separarse de su smartphone en algún momento es redundante. Con mi teléfono hago fotos familiares, de publicidades que me llaman la atención de otras empresas o el otro día, de mi telefonillo desarmado. No tenía tiempo de ir al servicio técnico, le hice una foto y la envié por correo electrónico para que me dijeran por qué no funcionaba. Gestionar el tiempo es otra de las labores de este madrileño: Es una cuestión de eficiencia. Yo disfruto haciendo cosas sencillas con mi familia que nos enriquezcan, como montar en bici o salir a cenar. Tiene tres hijos (de 7, 5 y 2 años) y está en negociaciones con su mujer para un cuarto. Me gustaría, pero tiene mala pinta, confiesa risueño.

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