21 may. 2011

Ni monarquí ni república. Libertad. (Reloaded: 05/10/2007)


La falta de democracia a nivel global se materializa en cada uno de los países, con mayor importancia geopolítica en estos momentos, polarizando las opciones políticas y contribuyendo a pactos postelectorales, como en Ucrania, e incluso a pactos preelectorales, que como en el caso de Pakistán, con el acuerdo entre Musharraf y Bhutto, denotan la extrema importancia que tiene el país como pieza fundamental en el juego energético.
Otro caso de acuerdo preelectoral, a gran escala y más dilatado en el tiempo, fue el caso de la Transición en España. La temporización es fundamental cuando se quieren controlar procesos que pueden implicar reacciones en cadena.

Ayer se detuvo a toda la cúpula de Batasuna, en un momento en el cual arrecian los planteamientos nacionalistas y el cuestionamiento de la institución monárquica por parte de algunos sectores. Inmediatamente, los grandes partidos políticos se han pronunciado sobre las bondades de la actual forma de gobierno, sistema que tantos beneficios les han reportado limitando de manera prolongada la libertad política de la sociedad civil.

La crítica a la Corona, en este sistema tan cortesano, y desde el punto de vista de los intereses de los ciudadanos, no debería ser focalizada en la familia real, sino sobre el sistema partitocrático que gobierna España. Si no, se corre el riesgo que algún partido subvencionado por la Corona, haga votos y desfile por las moquetas de las Cortes con el único programa de criticar a la institución monárquica, como ese hijo rebelde que detesta a sus padres pero que vive a costa de ellos.

Partidos como IU y ERC viven anclados y secuestrados por la nostalgia de la II República mientras contribuyen a dar color y pluralidad palaciega a la política nacional. Pero el drama de la libertad política en España se nutre, además, por la cobardía y el oportunismo galopante de la llamada derecha, reconocida públicamte con las siglas PP bajo el manto de armiño juancarlista.
En España la idea republicana ha languidecido durante estos años de plomo de la llamada Transición, o Guerra Fría Española, porque no ha habido un partido de "derechas" que se identificara con los ideales republicanos, cayendo estos, para la mayoría de los españoles, en el imaginario comunista.

Estos republicanos de derechas, integrados en el PP o en diversos Consejos de Administración de empresas privadas, antes públicas, han preferido el oportunismo y el saqueo democrático y por cuotas del Estado, que seguir un instinto político que les conduciría a crear algo tan estrafalario en el sistema juancarlista como un partido republicano de derechas. Un partido que al conectar, formalmente, con las ideas republicanas de los partidos de izquierda, plantease al electorado la posibilidad real de un cambio de régimen. Pero que hubieran hecho eso sería pedir peras al olmo.

Como ni las llamadas "izquierdas" como las "derechas" plantearon la posibilidad de la república, es la sociedad civil la que, pidiendo democracia y libertad, se topa, sin quererlo, con los ideales republicanos, hoy repúblicos.

La gente no quiere ni monarquía ni república, la gente no quiere ser gente, quiere ser sociedad civil, adulta y responsable. Esa futura sociedad civil, que se nutre por momentos de nuevos integrantes, quiere Democracia y Libertad.

Que el sistema político que actualmente no sólo garantiza eso, sino que además resuelve las tensiones nacionales sea la República Constitucional es sólo consecuencia, la natural consecuencia de la profunda inspiración de aire puro que la sociedad civil aspira a inspirar para volar hacia la Libertad.

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