21 may. 2011

Universo arborescente. (Reloaded: 03/08/2007)

En este artículo hablo sobre el concepto de las mónadas, que explico en un artículo posterior, y que constituyen uno de los pilares de la República Constitucional.


























Aparte de los casos apuntados por D.Antonio, creo funesta la unidad de acción que vaya en contra de las unidades básicas de una auténtica democracia.
Pienso entonces que gran parte de la problemática en el tema de la unidad se concentran en el nivel en donde la apliquemos, en el corte transversal, a que altura del esquema organizativo de la democracia, apliquemos el concepto unidad.
Creo que en un proceso constituyente debe de haber unidad de acción en el reconocimiento de las unidades básicas, las mónadas, y su inserción en la estructura total. Se trata de dos acepciones de unidad diferentes, por un lado, unidad como cerrazón de una realidad, como la existente actualmente emanana del consenso de los políticos, y unidad como fundamento de una democracia, de tamaño y aprensible por la capacidad humana, que sustenta un sistema complejo y abierto como es toda una nación.


La unidad que pretende transformar un sistema complejo en un sistema simple, sólo crea perturbaciones estructurales en su seno, perturbaciones y extrañezas en la sociedad civil que los medios de comunicación emanados de esa unidad, y defensoras de la misma, intentan contrarrestar. Pero los medios han cambiado, sobre todo en su organización, ya que ahora no sólo hay medios de difusión broadcast, de un punto central a la totalidad, sino que ahora cualquier punto es capaz de alcanzar a la totalidad (internet), por lo que ahora esa función reguladora y defensora de una organización política que se cierra unitaria a una altura no-humana, no se está realizando con toda la eficacia de antaño.


Aunque comprendo que la ley de asociación defiende y cobija la formación de los partidos políticos, personalmente, no me siento atraido por el concepto en sí. Creo que son traficantes de unidades, alquimistas que transforman las unidades básicas y la realidad de tamaño y medida del hombre, en una realidad superpuesta donde las unidades biológicas fundamentales son los mismos partidos, que incluso siguen las leyes de la evolución. Nosotros, pienso, no somos mas que su alimento.


Habría que convencer a estos seres pluricelulares para que den su visto bueno a un referendum que posiblemente los transformaría también a ellos, quizás haciéndoles ver que también saldrían favorecidos, que los hombres de talento permanecerían….Se podría apelar a su vanidad y esperarlos en las Termópilas, donde los hombres pasan de uno en uno.

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